El arte aparece en su vida desde que tiene uso de razón y guía cada uno de sus pasos. Licenciada en Bellas Artes, inicia su camino entre la escultura, la ilustración, la pintura mural y las nuevas tecnologías, para finalmente llegar a la pintura mas íntima y al grabado. Su obra actual es un paisaje constructivo real, en un ambiente idealizado, donde el horizonte se pierde y es rodeado por la nada. Sus propuestas se aproximan a un rigorismo en el que la realidad está más distante de lo que parece e incluye elementos totalmente ajenos como señales y símbolos. La clave: la búsqueda del horizonte perdido. Horizonte que no pierde en su otra vida, la de madre, compañera, amiga y vecina, donde Esther sigue siendo artista, trasmitiendo felicidad y sintiéndose feliz con cualquier evento cotidiano. Que cosa tan rara en este mundo. Hay que tener arte.